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Por el "boulevard" de la utopía

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24 septembre 2012

LA OTRA CARA DE MÍ

No me gusta vivir una parte del año a más de cuarenta grados a la sombra. No me gusta tomar el sol. No me gustan los insectos. No me gusta el negro. No me gusta el viento desmesurado. No me gusta la comida picante. No me gustan los gritos desproporcionados. No me gustan las miradas indiscretas. No me gusta que te juzguen por los tópicos de la tierra patria. No me gusta que se juzgue sin saber. No me gustan las nuevas tecnologías. No me gustan los videojuegos. No me gusta el sistema-mundo que hemos creado. No me gustan las armas. No me gustan las guerras. No me gusta que se mate gente que no se conoce ni se odia por gente que sí se conoce y se odia. No me gusta la política que estamos creando. No me gustan los argumentos vacíos. No me gusta la constante banalización de lo que importa. No me gusta la superficialidad ni humana ni de contenidos. No me gusta la hipocresía, la falsedad. No me gustan las modernidades. No me gustan los relaciones públicas que te impiden pasear. No me gustan los cotilleos de los pueblos. No me gusta la falta de valores. No me gusta el "todo vale". No me gusta tomar helados en invierno. No me gusta dormir con aire acondicionado. No me gustan los thriller. No me gustan los libros de ciencia-ficción.

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No me gusta la política de Estados Unidos. No me gustan los países que permiten portar armas. No me gusta el petróleo. No me gusta que se reclute a niños-soldados. No me gusta la inoperancia de la comunidad internacional. No me gusta la inoperancia de los tribunales internacionales. No me gusta que Estados Unidos no acceda a entrar en la jurisdicción de los tribunales internacionales de justicia. No me gusta el reparto de la riqueza del mundo. No me gusta la caza. No me gustan las especulaciones financieras. No me gusta el dinero rápido a cualquier coste. No me gustan los radicalismos, los extremismos, en todos los sentidos. No me gustan los fanatismos religiosos. No me gusta los que creen tener la única verdad. No me gustan las masas. No me gusta ser turista sino viajero. No me gusta la alusión constante al femenino de las palabras. No me gusta la contaminación. No me gusta que la gente use el coche hasta para ir al baño. No me gustan los "graciosos". No me gusta la impuntualidad. No me gusta la irresponsabilidad. No me gusta el alcohol. No me gusta el tabaco. No me gusta tener que soportar el humo del tabaco por la calle. No me gusta el caos societal. No me gusta no cumplir los objetivos. No me gusta que no se respeten las colas. No me gusta perder el tiempo, para no desperdiciar ningún segundo de la vida. No me gusta pasar por la vida como si nada, sino absorber la vida como si todo.

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21 septembre 2012

UN POCO DE MÍ

Me gusta ver andar a un perro. Me gusta el fresquito de la mañana. Me gusta pasear en una playa desierta. Me gusta ir a la playa con bufanda. Me gusta caminar bajo el "chirimiri". Me gusta poder salir a la calle en cualquier momento del día. Me gusta escuchar la lluvia desde el braserito. Me gustan las castañas. Me gusta la crème de marron. Me gusta el plov. Me gusta la morcilla. Me gusta la ensaladilla de un determinado bar andaluz. Me gusta comer en un palacio. Me gusta descubrir nuevos sabores del mundo. Me gustan los círculos, los lunares. Me gusta el verde y el amarillo. Me gusta el verde en los paisajes. Me gustan las amapolas y las margaritas. Me gustan las iglesias ortodoxas rusas. Me gustan las Noches Blancas peterburguesas. Me gustan los canales y los puentes. Me gusta escuchar un acento extranjero hablando mi idioma u otros idiomas ajenos. Me gusta descubrir nuevos acentos. Me gusta intentar hablar otras lenguas. Me gusta hablar otro idioma con gente no nativa y no entenderse. Me gustan las sonrisas de los que no se entienden. Me gusta que los nativos te repitan la palabra que tanto les ha costado entender y que según tú la has pronunciado de igual manera. Me gustan las miradas de los viajeros. Me gusta ver la ilusión en los ojos del mundo.

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Me gusta perderme en las ciudades. Me gusta la piedra negra y las calles estrechas. Me gustan las calles con grandes escalinatas. Me gusta observar la vida en los césped. Me gusta respirar la historia de una ciudad. Me gusta desgastarme los zapatos en ciudades desconocidas. Me gusta descubrir nuevos ritmos. Me gusta el teatro. Me gusta el teatro en la calle y la vida en el teatro. Me gusta pararme de repente ante un descubrimiento extraordinario. Me gustan las gaitas y los violines. Me gusta la música clásica. Me gusta, a ratos, la soledad. Me gustan los paisajes infinitos. Me gustan los castillos desolados. Me gustan los libros leídos, tocados y disfrutados. Me gusta oler un libro. Me gusta Dostoievski. Me gusta pasar la hoja de la vida. Me gusta ver fotografías de rostros antiguos. Me gusta reflejarme en espejos ancianos con muchas miradas a sus espaldas. Me gustan los columpios. Me gusta la ropa de los años veinte. Me gusta imaginarme en épocas pasadas. Me gusta el arroz con leche con nueces. Me gusta comer el arroz con palillos. Me gusta las máquinas japonesas de arroz. Me gusta conocer gente de repente. Me gusta la gente que escucha con la mirada. Me gusta la autenticidad. Me gusta la complicidad instantánea. Me gusta el sonido de las fuentes árabes. Me gusta vivir cada día como si fuera el último. Me gusta cantar por la calle. Me gusta bailar. Me gustan las danzas gaélicas. Me gusta la palabra "ceilidh" y "loch". Me gusta la ilusión. Me gusta ser una soñadora incansable. Me gusta ir descubriendo la felicidad en cada pequeño detalle del respirar de la vida. Me gusta la ropa con dibujos de animales. Me gustan los bolsos de cuero. Me gusta aprender del que pasa, del que se va, del que vuelve, del que vive lejos. Me gusta aprender de las miradas, de las palabras. Me gusta lo diferente, la rebeldía. Me gusta conservar la mirada de un niño en todos los caminos que me queden por recorrer.

5 septembre 2012

EDINBURGH, MUCHO MÁS QUE UN VIAJE, ES UN SUEÑO

De nuevo he vuelto a caminar por las tierras del mundo, esta vez con una parada un poco más larga de lo habitual. Mis pasos se dirigieron al norte, a una de las ciudades más encantada de Europa, donde sólo pisar una de sus piedras te basta para envolverte en una magia continua de la que es difícil despertar, se trata de Edinburgh, más conocida para el oído español como "embra".

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Ciudad dividida en dos y separada por los hermosos jardines de la National Gallery y por los carriles de la estación de tren. El resultado la New Town con calles llenas de tiendas, pubs, restaurantes, para disfrutar de las modernidades de la vida contemporánea, resaltando especialmente las típicas calles alineadas de estilo victoriano. Desde estas calles, a lo lejos, se vislumbra el mar, creando la perfecta composición que todo artista desearía para su obra. En esta parte de la ciudad, más allá de la conocida Princess street, especialmente porque es donde se encuentra situado el Primark, se puede contemplar la escultura de Walter Scott y el templo clásico que representa la National Gallery. Pero si hay un hecho a destacar en esta parte de la ciudad es la "coqueta" Rose Street, con sus pintorescos pub. Nunca olvidaré uno de los pub más viejos de la ciudad, "Dirty Dick's" repleto de cacharros por doquier pero con un aura de nostalgia mezclado con la modernidad escocesa; o  The Black Cat, donde pudimos disfrutar de música tradicional escocesa, al ritmo de un acordeón, una guitarra y el acento ronco tan típico escocés. Para terminar, el pub de la última cena, donde te sumergías en una auténtica casa en una tarde de invierno, con su chimenea, perfecto lugar para la despedida de buenos amigos.

Cruzando los puentes, Old Town donde un laberinto de callejones, cuestas, plazas, calles de diferentes alturas, donde el mapa deja de tener sentido, sólo un buen sentido de la orientación puede salvarte. A reseñar, sin duda, la larga calle que atraviesa la ciudad, donde se amalgaman la mayoría de los artistas que se reúnen cada verano en los múltiples festivales de Edinburgh. Grupo africano, grupo de gaitas, representaciones sobre temas diferentes, malabaristas, magos, cantantes, coros a capella, hombres en calzoncillos... todo es posible. La Royal Mile renace cada día. Ahí descubrimos al grupo The Buffalo Skinners, del que somos adictas y a un grupo de chicos con voces angelicales que, luego en su show, despertarían las mayores carcajadas: Out of the Blue. Si hay algo con lo que disfruto es con las actuaciones en la calle, en el verdadero escenario de la vida. Para ello Edinburgh, durante el festival, es el sitio perfecto. Cada día, mis ojos brillaban ante la representación de un tipo de arte diferente, no existen palabras para describir esa explosión de vida. El resto, Grassmarket, con sus innumerables pubs, Victoria Street con sus inconfundibles colores, las librerías antiguas in West Port, donde encontré una de las librerías más auténtica que jamás he visto, ¡libros en cada hueco de la existencia!, inolvidable; Calton Hill y sus insuperables vistas; un paseo por the Meadows, Bobby en la calle George IV y los bagpipers (gaiteros). No puedo nombrar todas las calles que he recorrido, pero en todas ellas he encontrado esa nostalgia del tiempo y esas ganas de vivir. 

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El paseo por Escocia fue completado con la visita a Glasgow, una ciudad, en cierta medida, hecha para las compras, (hay tiendas monísimas) pero donde también se pueden encontrar ciertos lugares para recordar. Sin duda, en mi memoria me llevo la catedral de Glasgow con su sereno cementerio. También tuve la oportunidad de visitar Saint Andrews, pueblecito destinado, especialmente, al turismo del golf, en cierta manera, denostado, por haber perdido el encanto al convertirse en un lugar tan turístico. Sin embargo, mi impresión fue muy distina. Caminar por su Universidad, más allá de que allí hayan estudiado los actuales príncipes, por esos edificios tan majestuosos y a la vez tan silenciosos; observar los restos de muralla de la antigua catedral, que fue modelo por tener una de las plantas más grandes, con el cementerio que la rodea y todo esto con el silencioso murmullo del mar. Mi sensación fue de calma, serenidad y espiritualidad. Creo que Saint Andrews es mucho más que un pueblo destinado al turismo, es un remanso de auténtica paz. Allí disfruté de otro de mis grandes momentos: ir a la playa tapada hasta las orejas con bufanda, sensación contradictoriamente perfecta.

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Por último, visitasmo uno de los Loch. No fuimos hasta el lago Ness porque dado el poco tiempo preferíamos disfrutar de aquello que teníamos más cerca. Esta vez fuimos a Loch Lomond, otro de los grandes lagos, un paraíso que se abre entre la tierra. También tiene su monstruo, aunque esta vez no pudimos verlo. Verde, así es Escocia, con sus haggis (comida típica, necesario tener un estómago fuerte), sus loch, sus kilt y especialmente sus "Ceilidh". Imaginaos típica película del siglo XIX en la sociedad británica donde existen bailes en los que los chicos se alinean en un lado y las chicas en otro y van bailando, sea en coro, sea por parejas, sea cruzados, intercambiándose de compañeros de danza. Pues eso es el "ceilidh" la fiesta escocesa por excelencia. Afortunadamente, como despedida, tuvimos la oportunidad de disfrutarlo. Me alegra mucho pensar que ese tipo de bailes siguen estando al uso, especialmente, porque así puedo disfrutar y mover mis pies al ritmo de la música tradicional escocesa.

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Muchas cosas más tendría que decir. El Military tatto Festival, mucho más que un festival militar, es una explosión de tradición y cultura, perfectamente organizado y bajo el marco incomparable del gran castillo de Edinburgh. Otro gran placer es el haber podido estudiar, aunque sea por unas semanas, en una universidad del siglo XVI. Y para terminar, por supuesto, recordar mis acompañantes. Durante la redacción de estas letras, he hablado en plural, especialmente me dirigía a mi compañera de piso, y de vida "edimburguesa" María, con la que descubrí todos estos lugares y espectáculos que acabo de mencionar, donde hubo risas y sustos, pero siempre con la alegría y la curiosidad de seguir caminando; y por supuesto, las grandes risas compartidas con Marcel; el gran momento de María convirtiéndose en una auténtica mujer escocesa; los paseos con Ágata; la cercanía y simpatía de Olga y las risas interminables en el comedor con ella y todos los anteriores mencionados; la cálida amistad de los japoneses, como Yuri que compartió nuestra última cena o Miku quién me enseñó algunas palabras en ruso. A todos ellos, miles de gracias, por haberme permitido gozar de su compañía, compartir sus paseos, comidas, palabras... y sobre todo, aprender, porque la gente que te acompaña son los mejores maestros que puedes tener en la vida.

 

12 août 2012

LA SANGRE DE UNA CIUDAD: EDINBURGH

Sólo ha faltado que Mark Darcy bajo la piel de Colin Firth bajara por uno de esos interminables cuidados, esmerados y alineados jardines escoceses. Qué gozo para la vista, qué aroma histórico, espíritu anciano y sabio, alma experimentada y acostumbrada a dejar pasar el tiempo. Qué vastos y señoriales edificios, color mohíno que muestra la implacable verdad del tiempo, majestuosidad de sus talles y formas, curiosidad en el recoveco de sus calles, secreto entre cada grieta de sus muros, anciana y sabia piedra viviente que renace cada día con ese espíritu. Y más ahora donde la calle es auténtico teatro y el teatro refleja más que nunca a la vida. Apenas he podido dar unos paseos, sólo he desgastado un poco mis suelas, pero ya he visto ese espíritu, del gaitero tocando a la sombra de Hume; de la adolescente que subida en los pimponotes de la calle se deja su voz para ser escuchada, o de aquéllos que se confunden entre la multitud y te soprenden con cada melodía; rap, timbales, melodías clásicas, sangre en las venas, vida en estado puro, es una ciudad que no se cansa de gritar al mundo la fortaleza del espíritu. Sólo he dado el primer paso, aún me queda mucho camino que recorrer.

2 août 2012

EL RELÁMPAGO

Un relámpago atronador alumbró la habitación. En ella, descansaba el cuerpo inerte de la señora Mazurek, que acababa de expirar y cuyo último hálito de vida aún se perdía entre la penumbra. A primera vista, todo estaba en calma. Sin embargo, un gemido pausado y rítmico llegaba desde un rincón aislado de la habitación. Dentro de un armario, acurrucado, con lágrimas en los ojos, se encontraba Pável, un joven tímido y asustadizo, que acababa de ver pasar ante sus ojos, el mayor dolor humano posible: la pérdida de su incansable protectora. Tenía la mirada fija en un punto de la habitación. Sin apenas parpadear, dirigía sus ojos hacia un cuadro. Se trataba de “El relámpago” de Vorobiev. Ahora comprendía la completa significación de dicha pintura. El mismo relámpago que recientemente había alumbrado la habitación, era el propio reflejo del cuadro que tenía ante él. Siempre esa atronadora luz llega de improviso, arrasa como una tempestad y rompe la vida en dos mitades, una de las cuales jamás se volverá a recuperar.

Este joven amaba las artes, especialmente la pintura y la literatura. Formalmente era pintor, aunque al mismo tiempo era un ávido lector. Su familia era de origen polaco aunque por circunstancias de la vida, vivía sólo con su madre en San Petersburgo. Allí había descubierto los clásicos del país y se había convertido en un rusófilo empedernido. Su carácter tímido y sensible le impedía llevar una vida social activa. A pesar de los esfuerzos por participar de los hábitos festivos comunes, le importunaba la poca comprensión de sus semejantes hacia sus gustos ociosos o su carácter modesto. Siempre pensaba que era partícipe del “carácter raro” que Dostoievski describía como un “soñador”. Así era como se definía: un soñador incansable, en cuanto a su vida y en cuanto a los destinos del mundo. Para no parar de soñar se sumergía en la lectura. Cuántas veces se había imaginado la existencia de Zhenia, la cual se enamoraba del joven artista, como él se concebía; y, sobre todo, en qué cantidad de ocasiones, vislumbraba en su futuro a un perrito que se le acercaba seguido de una señora, de la que no podría volver a separarse.

Todas sus lecturas constituían su principal fuente de inspiración para sus posteriores obras pictóricas. Cada mañana, se sentaba delante del caballete y empezaba a esbozar sus sueños. Y allí, diariamente, continuaba retocando a esa señora de rostro desdibujado, con la esperanza de que algún día pudiera terminar de perfilarla.

Tras la tormenta, los primeros rayos del alba entraron en la habitación. Allí se vislumbraba el caballete con el cuadro inacabado. Esa mañana no sufriría ningún retoque. Pável seguía acurrucado, intentando asimilar la tempestad y descubriendo aquel sentimiento que tantas veces había leído, deseado en ocasiones y que ahora le resultaba insoportable: la soledad.

El relámpago arrasó con todo lo que sustentaba su vida, la única persona que lo comprendía y consolaba, y quién, a hurtadillas, también contribuía a dar un retoque a ese cuadro inacabado. Ahora sentía el dolor del más ensordecedor silencio. Para superarlo, intentaba recordar todas esas ilusiones escritas que lo acompañaban diariamente y que tantos hombres en la historia habían redactado para complacer a la humanidad. Sin dudarlo, cogió su relato más preciado: la señora del perrito. A él se aferró, con la esperanza de volver a vivir.

Pero algo obviaba. No era consciente de que su vida dependía de una mano ajena que diariamente se sienta ante sus ilusiones y decide el destino de sus personajes con el fin de seguir la gran obra: crear relatos que contribuyan a soñar.

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28 juin 2012

LA PANDERETA: HISTORIA DE UN PAÍS

Siempre me ha gustado la pandereta. En primer lugar, por su forma redonda. Por alguna extraña razón que desconozco me encantan los objetos de forma circular: botones, chapas... y sobre todo, me pierden los lunares, de todos los colores, tipos y formas. En segundo lugar, su sonido. Para mí escuchar la pandereta es evocar la alegría y la tradición. Además, también evoca el frío, el braserito, los buenos deseos y los cánticos festivos navideños. Un entramado de emociones donde se mezclan las ilusiones y sueños futuros del año que pronto empezará a andar, con las realidades que acaban por finalizar.

Por todas estas razones, insisto, siempre me ha gustado la pandereta. Al mismo tiempo, a España siempre se le ha descrito, como el país de la "charanga y pandereta". Con esta definición, este instrumento pierde todo su aura y se convierte en un adjetivo sinónimo del despilfarro, el desorden, el caos, la desmesura y tantas otras acepciones festivas en sentido negativo como se pretenda.

Esta pandereta no me gusta. Sin embargo, parece que a este país le resulta muy complicado deshacerse de dicha concepción de su vida y es que una y otra vez, volvemos a caer en los mismos errores o incluso acentuando nuestro carácter tan particular. A continuación, voy a exponer unas cuantos "panderetazos", me doy la licencia de crear dicho término, que me enervan de la actualidad política:

1º Golpe de pandereta: Inversión en I+D o en educación en términos generales. Las medidas de austeridad que se ponen en marcha para restablecer el equilibrio en los indicadores financieros, no deben afectar a dicho ámbito. Siempre hablamos de otros países de referencia, siempre anhelamos ser como ellos, y son estos países, quién, a pesar de la crisis, han decidido no recortar en un único ámbito: el de la educación, sino que ocurre todo lo contrario, se fomenta. El día que la clase política española y la asesoría de la misma llegue a comprender que educación es futuro y es mejora de capital humano y por tanto, posibilidad de crear organizaciones más productivas y competitivas, ese día, en España se podrá producir un cambio.

2º Golpe de pandereta: Eurovegas. Aquí de lo que se trata es de conseguir inversión rápida y fácil, crear un entorno gigantesco de casinos para ¿atraer a? Ésa es la gran pregunta. ¿Qué modelo de inversión queremos implantar en nuestro país? España proviene de una situación de atraso por múltiples factores. En primer lugar, nuestra industrialización fue tardía y realizada, en su gran mayoría, con capital extranjero. En segundo lugar, los cuarenta años de dictadura nos han pasado una gran factura. En los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI, en España se produjo un notable crecimiento económico, en gran medida, derivado de los fondos de la Unión Europea y, por otro lado, por el crecimiento del modelo productivo en el que nos habíamos centrado: la construcción, es decir, un modelo intensivo en mano de obra y de escasa cualificación. Esta especialización es parte de la razón de nuestro auténtico drama actual. España se encuentra ante un reto: debe cambiar el modelo productivo y especializarse en un campo intensivo en capital humano y en tecnología y que fomente la competitividad. Eso no se hace de un día para otro, sino que cuesta recursos monetarios y se necesita tiempo. Pero aquí lo que se pretende es inversión rápida al coste que sea. Yo creo que debemos reflexionar qué tipo de turismo y qué inversión queremos atraer, pues con este tipo de proyecto no se consiguen paliar nuestras debilidades estructurales. Soy muy crítica con la postura alemana ante la UE, pero en estos momentos, sí he de reconocer que acepto la postura de que las decisiones clave, como aquélla de elegir un modelo productivo o en qué invertir, no deben hacerse a la ligera para salir del paso, como es nuestra costumbre, sino a un menor ritmo pero con buen paso, para conseguir una solidez estructural.

3º Golpe de pandereta: la gran frase de Aguirre en la que indica que la legislación "anti-tabaco" se cambiará. Punto número: dicha Ley deriva de una Directiva europea que se ha transpuesto a la legislación española. Punto número dos: pretender retroceder hacia la, con perdón de la Rae, "incivilización" me parece de lo más absurdo, porque insisto, la ley anti-tabaco no sólo preserva la salubridad de los lugares públicos sino que se reconoce el derecho a los que hemos sido tan castigados fumadores pasivos. Siempre ocurre lo mismo, anhelamos y nos vanagloriamos de la calidad de vida de otros países, pero cuándo en España se dan pasos hacia ese adorado civismo, siempre sale el "panderetazo" tan típico español.

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Hasta aquí la relación de "golpes de pandereta". Es una lástima que ese ágil y rítmico instrumento llegue a representar escenarios tan penosos de nuestro país. Yo, por mi parte, prefiero recordar el sonido de este instrumento de la mano de la Filarmónica de Viena al ritmo del intermezzo de uno de los géneros españoles por excelencia como es la Zarzuela en: "Las bodas de Luis Alonso" o en los cánticos de una familia alrededor de una chimenea. En esos momentos, nuestra particular pandereta se transforma y llega a adquirir, una elegancia y sensibilidad especial, recupera su credibilidad, llega a su máxima esencia: el rítmico y alegre sonido de un pueblo que aspira a caminar.

23 juin 2012

Fin de semana euskaldún: de Congreso y de romería

La semana pasada se celebró en Bilbao el II Congreso Internacional de Comunicación Política de ACOP. Y allí me dirigí en mi segunda semana de paseos por el mundo. Dos días y medio de ponencias nacionales e internacionales, en las que se pusieron de manifiesto diferentes ámbitos de la comunicación. Evgeny Morozov nos habló de lo que él denomina "la falsa ilusión de la Red". En momentos, en los que se han vivido situaciones como la primavera áraba e incluso en Rusia persisten las movilizaciones, se habla de Internet como el instrumento facilitador de la unión civil frente al poder. Este autor señala, que este instrumento no sólo puede ser utilizado por los movimientos ciudadanos, sino que los propios Estados lo pueden utilizar para conseguir sus intereses y censurar a la población. Como ejemplos, aludió a la práctica realizada en Rusia en la que el Gobierno forma y paga a blogueros para que éstos difundan la información que favorece y así intentar sofocar las informaciones opositoras. Me parece muy pertinente esta reflexión, en un momento en el que los aspectos que se predican sobre Internet son esencialmente aquéllos que fomentan la unión de la ciudadanía obviando esta parte más perniciosa, pero de un valor superior, ya que está en juego cómo y quién pone en práctica dicho instrumento liberalizador, que puede ocultar una parte represiva.

Una de las frases que me llamó la atención fue aquella de Christian Salmon, escritor francés, al referirse a Sarkozy, cuando afirmaba: "que no habían elegido a un presidente sino a un tema de conversación". Ése es uno de los grandes riesgos de la comunicación política, que los aspectos relacionados con la comunicación o con aspectos irrelevantes del candidato, lleguen a convertirse en el principal relato de un presidente. La hiperactividad de Sarkozy, sin duda le hicieron llegar a esta situación. Aunque en otras ocasiones, esta exposición no siempre viene de la mano del propio candidato, sino de la exposición mediática de los asesores. Este hecho se encuentra relacionado con la ponencia del profesor Mazzoleni, al hablar de la política pop o de entretenimiento, donde siempre queda el eterno debate, si este tipo de comunicación de la actividad política conlleva su degradación o, si por el contrario, de ese modo, la información consigue llegar a un número más amplio de ciudadanos. Desde mi punto de vista, siempre he creído que existen los grises, aunque sí me decanto por la existencia de una tendencia hacia la superficialidad en la política. Pero el hecho que quiero resaltar, es que esta situación no es sólo debida a la propia comunicación, pues al fin y al cabo, es la punta del iceberg, sino al desarrollo de las instituciones y personajes políticos.

Otro aspecto a destacar es la frase de José Miguel Contreras cuando afirmaba que para preparar un debate electoral lo más importante es "discutir lo indiscutible", es decir, aquellos hechos certeros, sobre los que no cabe ningún tipo de discusión, como cuando González pidió a Aznar que hablara sobre las políticas de desempleo de su programa electoral y éste no pudo decir nada, ya que no las había planteado. Pero yo también añado otra perspectiva a dicha frase y es la de discutir aquéllo que se puede presuponer "indiscutible" por considerarse un aspecto negativo para un candidato. El mero hecho de romper con la lógica de los debates y temas discutidos y de atreverse a discutir lo que se considera "indiscutible", puede ser una buena forma de situarse por delante en los debates. En el debate en "The West Wing", cuando el candidato republicano acusa al demócrata Santos de "liberal", término peyorativo en Estados Unidos. En vez de evitar dicha discusión, lo asume y lo discute, por sorpresa del resto. Aunque evidentemente puede ser una estrategia muy utópica, al ser fruto de una serie televisiva que muestra el "deber ser" de la política, considero que puede resultar pertinente en determinados contextos.

Muchos más invitados, muchos más temas, la complejidad de la comunicación en la Unión Europea; cómo se crea la figura de un candidato por Antonio Sola con el caso haitíano; las claves para la elaboración de un discurso político de David Redolí, así como la trastienda de los debates con Manuel Campo Vidal; el periodismo de raza de Judith Torrea en Ciudad Juárez, etc...

Tras el Congreso, qué mejor que disfrutar de las tierras bizkainas y guipuzcoanas. Esta vez me llevaron a la romería de San Antonio en Urkiola. Sin duda alguna, unas vistas espléndidas, una compañía inmejorable y muy buen tiempo. Allí, en la Euskadi profunda, pude disfrutar y aprender de las tradiciones: cortadores de tronco, sea en horizontal, vertical, con una sola mano; subida de pesos y después, el pueblo en corro para bailar el aurresku. El resultado: un finde inolvidable y más que productivo, acompañado de los insuperables pintxos vascos, así como de su música y paisajes.

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18 juin 2012

PASEOS POR EUROPA: VIENA Y BRATISLAVA

"Viajar es perder el rumbo, olvidar, soñar, ver que otro mundo es posible..." Hace no mucho que escribí estas palabras y ahora he tenido la suerte de volver a evocarlas ya que mis pasos tomaron un nuevo rumbo recientemente. Las últimas semanas han sido más que dinámicas. Tras un periodo de exámenes bastante corto aunque intenso, me encaminé hacia la consecución de un sueño, uno de tantos.

Cada año, la Orquesta Filarmónica de Viena ofrece un concierto en los jardines de Schonbrunn para celebrar la llegada del verano. El único requisito para asistir es estar en Viena el día del concierto. Y así fue. El día 7 de junio, tras llevar varios días en la capital austríaca, nos dirigimos hacia allí. Por la mañana, se puede asisitir a los preparativos del mismo. La puesta en escena es impresionante ya que el escenario se encuentra situado justo delante de la gran fuente de Neptuno, que sirve de telón de fondo para el concierto. La mayoría del espacio está libre para que las personas asistan de pie, pero la organización del concierto reserva unas 300 sillas para los más avezados. Las puertas se abrían a media tarde y mi única idea era poder conseguir uno de esos tan preciados asientos. Tras visitar el palacio Schonbrunn por la mañana y descubrir la habitación en la que tocó Mozart por primera vez, o la gran sala donde se reunieron Kennedy y Jrushev, comimos tranquilamente a la sombra de los árboles palaciegos vieneses.

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De repente, escuché unos acordes. Sin duda alguna, era Zaz, mi cantante preferida francesa. Eso tenía que significar algo. Cuando fuimos a ver, ya estaban los primeros en la cola y allí nos plantamos. El resultado una amalgama de nacionalidades juntas con el mismo objetivo. Estadounidenses, austriacos que no paraban de hacer la "ola", chinos con bolsas de cartón en la cabeza con el agujero de los ojos perfectamente calculado, iraníes... Un buen ambiente y finalmente una buena silla, pues conseguimos estar entre las primeras filas. El concierto maravilloso, dirigido por el venezolano Gustavo Dudamel y al final, la guinda y la gran sorpresa: una pieza española: "Las bodas de Luis Alonso". En ese momento, nos hicimos notar desde diferentes puntos del concierto. Poder escuchar a la Filarmónica en directo es un gran placer, pero escuchar las castañuelas y acordes españoles en ese escenario no tiene precio. El resultado: un sueño más cumplido.

El concierto fue la gran excusa del viaje, pero a la vez, tuve la oportunidad de disfrutar durante seis días de las majestuosas calles vienesas. Karplatz era el punto de partida. Nada más salir del metro, te encontrabas con la impresionante iglesia barroca de Carlos Borromeo, cuya peculiaridad reside en el pequeño lago que posee delante de su fachada. Éste está compuesto de cuatro escalones, tres de ellos los cubre el agua, el cuarto es para que los transeúntes se sienten a contemplarlo. No sé explicar el porqué, pero tener la posibilidad de poder poner tus pies en ese escalón teniendo tan cerca el agua genera un relax imposibe de explicar. Por las noches, la iglesia y los árboles de alrededor se reflejaban en el lago, creando el marco perfecto para hacer más difícil la despedida de estas tierras.

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Vista de la Iglesia de San Carlos Borromeo reflejada en el lago.

Por otro lado, el palacio Hofburg con sus plazas y callejones, la impresionante planta del ayuntamiento, el museo de Bellas Artes, el Belvedere, con su famoso "Beso", los jardines de Stadpark con su famosa escultura de Strauss, la catedral gótica, que se erige en el centro como una sombra de tiempos pasados, los innumerables cafés con sus tartas inolvidables, especialmente la tarta "Sacher", el edificio de la Secesión, los múltiples edificios vanguardistas que se encuentran perdidos entre sus calles... En fin, un lugar donde se continúa respirando la majestuosidad de lo que fue Europa y que hoy está tan olvidada. Todos estos paseos acompañados del desfile continuo de diferentes tipos de bodas, tanto católicas como judías.

Durante la estancia, un día nos dispusimos a pasar otra frontera y así llegamos a Bratislava. Dado la premura del tiempo, sólo pude contemplar sus calles más céntricas, pero me bastó para darme cuenta del encanto especial de esta ciudad, de una coquetería infinita y de la gran amabilidad de sus gentes. Aunque aún se nota en sus edificios los rasgos de su pasado, su centro aunque dedicado en exclusiva a fomentar el turismo, goza de una particular belleza, incluso cuando diluvia. Sus palacios, iglesias, sus torres, sus esculturas. Era más que agradable encontrar a señores que a cada paso te hacían una foto, salían de la alcantarilla o te intentaban poner un sombrero. Sin duda, una ciudad para volver.

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Y así llegó a su fin esta aventura, tras recorrer las calles de glorias pasadas volví, aunque de forma muy breve, a la realidad. Pero lo importante es que como ya comenté en otro post, tuve la oportunidad de viajar y de esa manera de "obviar el tiempo, las obligaciones, las preocupaciones, es vivir en su máxima esencia, es un continuo descubrimiento, una continua sorpresa agradable de esas que te dejan sin palabras, es aprender y enseñar, es respetar y tolerar..." Ante todo, es la mejor escuela que te ofrece la vida, la mejor experiencia de aprendizaje posible y la mejor forma de soñar despierta.

 

21 janvier 2012

"ES UN CARÁCTER RARO ¿SABE USTED LO QUE ES UN SOÑADOR?"

NOCHES BLANCAS, fenómeno estival en regiones peterburguesas, creadoras de sueños eslavos, de nuevos pasos ante la vida, de nuevas vistas y perspectivas. Bajo esta luz, Dostoievski creó uno de sus primeros relatos literarios. El mejor conocedor del alma humana universal relata magistralmente las huellas de un SOÑADOR, anónimo, que recorre las noches de San Petersburgo. Ayer tuve la oportunidad de revivir estos versos teatralmente, ya mil veces leídos. Hasta la semana próxima se representará en el teatro de Cámara de Chéjov, joya teatral que clausurará sus puertas por la retirada de las subvenciones de la Comunidad de Madrid. Aún creo recorrer las NOCHES BLANCAS...:                            

 

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"Es un carácter raro. ¿Sabe usted lo que es un soñador? (...) Por si lo ignora usted, Nastenka, hay en Petersburgo rincones bastantes peregrinos, a los cuales no parece asomarse el mismo sol que alumbra a los demás vecinos de la ciudad, sino otro distinto, como fabricado ex profeso para estos recovecos, que lo alumbra todo con una luz diferente, muy especial. En dichos rincones, se desarrolla otra especie de vida, nada semejante a la que hierve a nuestro alrededor y que podría transcurrir en el reino de Maricastaña, pero no aquí en esta época tan seria. Es una mescolanza de algo puramente fantástico, apasionadamente ideal, y al mismo tiempo de algo turbiamente prosaico y vulgar, por no decir increíblemente chabacano. (...)

En estos rincones viven unos hombres peregrinos: LOS SOÑADORES. El soñador no es un hombre, sino algo así como una criatura del género neutro. Suele aposentarse en un rincón inaccesible, como oculto hasta de la luz diurna, y cuando se retrae en su escondrijo parece adherirse a él como el caracol o, al menos, se asemja muchísimo a ese curioso engendro que es a la vez animal y casa y que se llama tortuga. ¿Por qué cree usted que el soñador ama tanto sus cuatro paredes, invariablemente pintadas de verde, ahumadas, tristes y con un insufrible olor a tabaco? (...) Hay en mi jornada, una hora que amo extraordinariamente. Es aquella en que se terminan todos los negocios, los trabajos y las obligaciones, y en que todos se marchan a sus hogares a comer, a tumbarse un rato para descansar, y por el camino van haciendo alegres proyectos para la tarde, para la noche y para todo el tiempo libre que les queda. A esa hora también nuetro héroe, sigue el mismo camino que los demás. Sin embargo, una extraña sensación de contento juguetea en su rostro, pálido y un tanto demacrado. Contempla intrigado los resplandores del ocaso que se extinguen lentamente en el frío cielo de Petersburgo. Al decir, "contempla", miento: no contempla; mira sin darse cuenta de nada, como fatigado o abstraído por algún otro objeto más interesante, de suerte que sólo de pasada, casi involuntariamente, puede percatarse de lo que le rodea. Está satisfecho porque hasta el día siguiente no tendrá que ocuparse de asuntos molestos, y se siente alegre como un chiquillo al que han dado suelta del colegio para que se entregue a sus travesuras y juegos preferidos. (...)

Ahora le hace ya rico su propia existencia; ha enriquecido súbitamente y el último rayo del sol del ocaso no ha brillado en vano con tanta vivez ante él, suscitando en su calenturiento corazón todo un enjambre de impresiones. Ahora ya apenas repara en aquel camino donde, anteriormente la más pequeña nimiedad le causaba asombro. Ahora, "la reina de la fantasía" ha tejido ya, con mano caprichosa, su cendal de oro y ha ido a desplegar ante él las estampas de una vida inexistente y fantástica y ¿quién sabe?, puede que le haya transportado, con su mano caprichosa, hasta el séptimo cielo desde la soberbia acera de granito por la que va de regreso. Pruebe a detenerlo ahora (...) De fijo que no recordará ni los lugares por donde ha pasado, ni sabrá donde se encuentra (...) La oscuridad se ha apoderado del cuarto; siente el alma triste y vacía; todo un reinado de ilusiones se ha venido por tierra en torno suyo sin dejar rastro, sin fragor ni ruido; se ha disipado como un sueño y él mismo no sabe lo que ha soñado. (...) ¡Qué vale para él la vida real! ..."

13 janvier 2012

ISTAMBUL

Olor a castañas, callejuelas, sonidos "jondos" y muchas cuestas, gatos por doquier: en las columnas, mezquitas, museos, repartiendo su elegancia y confundiéndose con las piedras de la ciudad. Me refiero a una de las tres Romas, la más variopinta y multicultural, una de las tres ciudades transcontinentales entre Europa y Asia, la que fue capital del Imperio Bizantino, la antigua Constantinopla, la actual Istambul. Del griego "eis tin poli" (a/en la ciudad), en el siglo XIX, los turcos empezaron a denominarla Stamboul.

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Recorrerla es caminar por la historia, es ver el actual museo de Santa Sofía, magnánimo, añorando Bizancio; cruzar un pequeño paseo y encontrarse con la "mezquita azul", que brilla como ninguna por las noches. Sultanhamet, barrio con un duende especial, con sus mezquitas, tiendas, restaurantes (algunos con sólo dos platos que ofrecer pero de una gran calidad), sus hamman, sus bazares. Entrar en los bazares, sea el de las especias, el Gran Bazar o el del libro es caminar en auras del pasado.

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Discurrir por el Bósforo, brecha entre dos estilos de vida distintos, divisar Asia, observar a los pescadores en el puente Galata, ver el atardecer entre Europa y Asia en la proa del barco divisando las siluetas de las mezquitas, cúmulo de sensaciones inexplicables, de culturas entrelazadas, sobre todo cuando en ese ambiente encuentras a una rusa que se te dirige en español. Cruzar el puente Galata es llegar a la gran ciudad, donde grandes almacenes, tiendas, bares, discotecas, la modernidad más absoluta irrumpe en esas tierras homogeneizando todas las culturas.

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Conocer sus gentes multilingües, siempre atentos a cualquier cliente pero siempre con gran respeto y simpatía. Los turcos son un pueblo cercano, alegre. Descubrir sus cafeterías, especialmente una que cuenta con el Kunefe (difícil de pronunciar) más delicioso de todo Estambul, recomendado por Bilal, el "septilingue" camarero que dominaba entre otros idiomas español, euskera, catalán y, especialmente, el dialecto andaluz, que nos ayudó a profundizar en el conocimiento de Estambul y de sus curiosidades, con el que compartimos muchas risas y buenos momentos. El haydari, las lubinas, baklavas, deliciosos manjares para degustar y añorar.

Los caminos de la vida son inescrutables. En 1938 se publicó un libro en París titulado "Turquía: pasado y presente", el 9 de enero de 2012 lo adquirí en un pequeño puesto del bazar del libro. Ahora tras los miles de camino que ha escrutado, vuelve cerca de su lugar de origen. Es mi pequeña joya turca.

Marta y Sandra, mis dos compis de viaje, de risas y pesares, sin ellas no hubiera sido posible esta maravillosa travesía. Nunca olvidaré la última tarde, donde los malentendidos gestuales pueden dar lugar a las mayores carcajadas posibles. Espero que pronto se repita en otro lugar del mundo y que esta vez Marta lo pueda disfrutar en su plenitud.

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Viajar es perder el rumbo, olvidar, soñar, ver que otro mundo es posible, obviar el tiempo, las obligaciones, las preocupaciones, es vivir en su máxima esencia, es un continuo descubrimiento, una continua sorpresa agradable de esas que te dejan sin palabras, es aprender y enseñar, es respetar y tolerar, es un camino ideal por el que discurrir, pero siempre tiene un fin y la realidad no perdona.

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